Mostrando entradas con la etiqueta poema. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poema. Mostrar todas las entradas

31 jul 2008

COLOMBINA SE MUERE MIENTRAS PIERROT ENSAYA

Ya está. Se han cerrado las puertas.
He creído en la magia y ya no creo.
Nadie salta los fosos ni destruye fronteras.
Se han muerto los jardines, el sol de mi recreo.

Es la hora sexta del amanecer imposible.
Los pájaros lo saben y también se han callado.
Los alumbro en silencio. El bien es transgredible.
Los muros han caído y nadie se ha salvado.

Sólo hay un mundo, ahora. Recién uniformado.
La creación del dolor sucedió en una playa.
En un rincón de arena, paraíso desnudo,
afilo los puñales y tramito mi escudo.

Desde entonces las puertas, el coraje cansado.
Colombina se muere mientras Pierrot ensaya.

Ana Baliñas. "Tristia" (1996)

16 jul 2008

PIERROT

Pierrot
se sonríe y hace muecas
con la boca.

Y cuántas veces leáis
este poema, repetirá
lo mismo, como un autómata.

Pierrot
se sonríe y hace muecas
con la boca.

Y cuántas veces leáis
este poema, repetirá
lo mismo, como un autómata.

Simonecomsole

2 jul 2008

EL FAISAN



ArribaAbajoDijo sus secretos el faisán de oro:


en el gabinete mi blanco tesoro,


de sus claras risas el divino coro.



Las bellas figuras de los gobelinos,


los cristales llenos de aromados vinos,


las rosas francesas en los vasos chinos.



(Las rosas francesas, porque fue allá en Francia


donde en el retiro de la dulce estancia


esas frescas rosas dieron su fragancia.)



La cena esperaba. Quitadas las vendas,


iban mil amores de flechas tremendas


en aquella noche de Carnestolendas.



La careta negra se quitó la niña,


y tras el preludio de una alegre riña


apuró mi boca vino de su viña.



Vino de la viña de la boca loca,


que hace arder el beso, que el mordisco invoca,


¡oh los blancos dientes de la loca boca!



En su boca ardiente yo bebí los vinos,


y, pinzas rosadas, sus dedos divinos,


me dieron las fresas y los langostinos.



Yo la vestimenta de Pierrot tenía,


y aunque me alegraba y aunque me reía,


moraba en mi alma la melancolía.



La carnavalesca noche luminosa


dio a mi triste espíritu la mujer hermosa,


sus ojos de fuego, sus labios de rosa.



Y en el gabinete del café galante


ella se encontraba con su nuevo amante,


peregrino pálido de un país distante.



Llegaban los ecos de vagos cantares;


y se despedían de sus azahares


miles de purezas en los bulevares.



Y cuando el champaña me cantó su canto,


por una ventana vi que un negro manto


de nube, de Febo cubría el encanto.



Y dije a la amada de un día: -¿No viste


de pronto ponerse la noche tan triste?


¿Acaso la Reina de luz ya no existe?



Ella me miraba. Y el faisán cubierto de plumas de oro:


-«¡Pierrot! ¡Ten por cierto


que tu fiel amada, que la Luna ha muerto!»

Rubén Darío


PIERROT Y COLOMBINA

Trémulos, tímidos, los rayos del sol entran por la ventana.
El abrazo de dos figuras humanas
se desvanece y naufraga en la marejada del sopor.
Uno son Pierrot y Colombina.
Brillan sus cuerpos trenzados, desnudos,
gitanos y luz, enredadera y ladrillos.
Media tarde y calor.
Sus manos se buscan entre las brumas del sueño
y las palabras se deshacen en sus bocas
como copos de nieve en la mar.
Silencio. El pudor sobrevuela el lecho.
Yacen los amantes flotando su vida en un remanso tranquilo.
El aire se espesa. El aire se humedece
alrededor, apagando los rescoldos
de conciencias en duermevela.
Es hora de paz, de almas libres.
Ninfas invisibles derraman sin cesar
lujuria y colores
sobre el cuerpo de Afrodita
recién nacida; suavemente.
Colombina rosa negro azul, repite el eco
entre sus líneas de mujer.
Colombina virtud dueña placer.
Pierrot suspira y duerme.
Se esparcen manchas de ternura en su pensamiento.
Los ángeles caídos acechan con zumbidos brujos
de deseo.
Presa fácil. Un hombre. Pierrot. Se van
(al infierno).
“¿Qué decías, mi amor?”, suspira ella.
“Nada”, miente su compañero.
Pierrot y Colombina acurrucados en flor,
envueltos en olor de niños pequeños.
Trajes, rombos, sedas, antifaces y terciopelos
esparcidos por el suelo. Nada queda en la escena
sino un espíritu mudo estival:
el sueño.
Acaba el juego.
Pierrot y Colombina amanecen al amor.

Fernando, de Territorio Enemigo

29 jun 2008

A BLACK PIERROT

I am a black Pierrot:
She did not love me,
So I crept away into the night
And the night was black, too.

I am a black Pierrot:
She did not love me,
So I wept until the dawn
Dripped blood over the eastern hills
And my heart was bleeding, too.

I am a black Pierrot:
She did not love me,
So with my once gay-colored soul
Shrunken like a balloon without air,
went forth in the morning
To seek a new brown love.

Langston Hughes
(Colaboración de Muca Obsesiva)

CANCIÓN DE CARNAVAL

Le carnaval s'amuse!
Viens le chanter, ma
Muse... Banville.

Musa, la máscara apresta,
Ensaya un aire jovial
Y goza y ríe en la fiesta
Del carnaval.

Ríe en la danza que gira,
Muestra la pierna rosada,
Y suene, como una lira,
Tu carcajada.

Para volar más ligera
Ponte dos hojas de rosa
Como hace tu compañera
La mariposa.

Y que en tu boca risueña
Que se une al alegre coro
Deje la abeja porteña
Su miel de oro.

Únete á la mascarada,
Y mientras muequea un clown
Con la faz pintarrajeada
Como Frank Brown;

Mientras Arlequín revela
Que al prisma sus tintes roba
Y aparece Pulchinela
Con su joroba,

Dí á Colombina la bella
Lo que de ella pienso yo,
Y descorcha una botella
Para Pierrot.

Que él te cuente cómo rima
Sus amores con la luna
Y te haga un poema en una
Pantomima.

Da al aire la serenata,
Toca el áureo bandolín,
Lleva un látigo de plata
Para el spleen.

Sé lírica y sé bizarra;
Con la cítara sé griega;
Ó gaucha, con la guitarra
De Santos Vega.

Mueve tu espléndido torso
Por las calles pintorescas
Y juega y adorna el corso
Con rosas frescas.

De perlas riega un tesoro
De Andrade en el regio nido
Y en la hopalanda de Guido
Polvo de oro.

Penas y duelos olvida,
Canta deleites y amores;
Busca la flor de las flores
Por Florida:

Con la armonía le encantas
De las rimas de cristal,
Y deshojas á sus plantas,
Un madrigal.

Piruetea, baila, inspira
Versos locos y joviales;
Celebre la alegre lira
Los carnavales.

Sus gritos y sus canciones,
Sus comparsas y sus trajes,
Sus perlas, tintes y encajes
Y pompones.

Y lleve la rauda brisa,
Sonora, argentina, fresca,
La victoria de tu risa
Funambulesca !

Ruben Darío
(Colaboración de Muca Vampiro)

23 jun 2008

ARLEQUIN, PIERROT Y COLOMBINA

El príncipe de los poetas modernos Paúl Marie Verlaine nació en París en 1844 en ambiente burgués y aunque desde joven abusó de la bebida, trabajó en Seguros y en el Municipio y de sólo 24 años publicó algunas poesías en el «Parnasse Contemporaine» dándose a conocer por la pulcritud de sus versos. En 1866 aparecieron sus «Poemas Saturnianos» y al año siguiente «Fiesta Galante». En 1870 contrajo matrimonio y ofreció a su joven y bella esposa «La Buena Canción» donde como regalo de bodas le dio una promesa, abandonar la bebida; que no cumplió y por el contrario abandonándola a ella y a su hijo recién nacido, se fue con el poeta Rimbaud por Bélgica e Inglaterra a vivir sus amores prohibidos. Después valdrían las discusiones y en 1873 lo hirió y fue a dar a la cárcel de Mons dos años, donde se convirtió aunque momentáneamente a la religión, escribiendo «Romances sin palabras», «Sabiduría» y «Entonces y ayer».

Nuevamente en Francia y enfermo de un mal sin nombre, sin nombre porque la padibundez torpe y burguesa de su tiempo ocultábalo como algo vergonzoso, erró por diversos hospitales entrando y saliendo por temporadas, escribiendo en prosa y verso, haciendo crítica literaria y siendo considerado por los decadentistas y simbolistas como su único gran maestro. Publicó mucho pero en ediciones finas, elegantes y bien acabadas que no podían ser pagadas por el vulgo, para quién no escribía pues fue siempre elitista, como todo buen parnasiano.

Amó la belleza y la elegancia del verso, la exquisitez de las formas y la cadencia del ritmo, cultivando el mito de la muerte a través de Pierrot, Arlequín y Colombina en sus «Fiestas Galantes», aparecidas en París en forma de un pequeño relicario que cuenta los paseos de la musa del poeta, disfrazada de Pierrot o Colombina (1), por entre los abedules y los castaños y en amoroso entorno con la discreción suave y melancólica de un claro de luna, mientras el picaro Arlequín salta y piruetea malignamente como si fuera un viejo fauno cansado.

Colombina es una candida criada de la Comedia Italiana que se sorprende y ruboriza de las declaraciones de su amado y tierno Pierrot, personaje nostálgico y muy humano, también tomado del antiguo teatro. Arlequín, en cambio, es la personificación de la luz, la vida. la gracia y la poesía del mundo en toda su amplitud y movimiento. El trío se prestó a Verlaine para reproducir el eterno diálogo de los amantes.

-A pesar del destino celoso, muramos juntos, dice Pierrot.
-La proposición es clara.
-Lo raro es lo bueno. Así pues, muramos como en los decamerones.
-Ja, ja. Que amante más extraño.
-Y entre los enervantes aromas de galantería, agotados hasta el infinito los placeres de la vida, sólo quedaba la muerte:
«-Muramos, sil vou plait! Pues quien no puede morir envejece, que para quien ama es sufrir.
Y todo termina en un coloquio sentimental.
-Por el viejo parque solitario y helado dos formas ahora mismo han pasado. Sus ojos están muertos y sus labios blancos, apenas se oyen sus palabras. Por el viejo parque solitario y helado dos formas han pasado ahora mismo.
-Te acuerdas de nuestro antiguo éxtasis?
-Por qué queréis que me acuerde?
-Sigue tu corazón latiendo a mi solo nombre? ¿Ves siempre mi alma en sueños?
-No.
-Ah, los hermosos días de placer indecible en que juntábamos las bocas.
-Es posible.
¡Qué azul era el cielo y grande la esperanza!
-La esperanza se fue vencida al cielo negro.
Tal iban ellos por el loco césped y solo el viento oyó sus palabras».

Poeta que escribía así huyendo en las penumbras de la risa absurda, ridícula, almibarada y mortificante y viviendo sólo de silenciosos paseos líricos en galantes soledades, invitaba al mundo a la muerte y fue complacido; muchos de los poetas decadentes que le siguieron después murieron por sus propias manos, incapaces de continuar transitando el antiguo, solitario y helado parque de sus existencias.

Casi todos ellos fueron Pierrots que agotaron los placeres, tuvieron sus Colombinas, creyeron que lo raro era bueno y rechazaron la alegría del Arlequín prefiriendo el mito de la muerte al de la vida como en las «Fiestas Galantes».

En las «Fiestas Galantes» el sexo es despersonificado, sólo existe el placer, el misterio, la herranza y un diálogo con la muerte.

21 jun 2008

COPO DE NIEVE

Colombina llora,
Colombina ríe,
Colombina quiere
morir y no sabe
por qué...

Pierrot, todo blanco,
de hinojos la implora,
la besa y le pide
perdón, y no sabe
de qué...

La Luna sonríe,
la señora Luna....
Y nadie ha sabido
ni sabrá, ni sabe
por qué...

Manuel Machado

LA NOCHE BLANCA

Sólo están en vela
la nieve, la Luna y Pierrot.
París duerme y sueña.

Colombina en brazos del marqués se entrega
por una pulsera de oro
y un collar de perlas.

La señora Luna tranquila blanquea,
y en vano la llama
Pierrot, y la increpa...

Colombina duerme,
Colombina sueña
en el brazo blanco de Pierrot, desnudo.
mirar su pulsera...
en el cuello blanco de Pierrot, desnudo,
su collar de perlas.

Manuel Machado

20 jun 2008

PIERROT Y ARLEQUIN

Pierrot y Arlequín
mirandose sin
rencores,
después de cenar
pusiéronse a hablar
de amores.
Y dijo Pierrot:
- ¿Que buscas tu?
- ¿Yo?
¡placeres!
-Entonces no más
disputas por las
mujeres.
Y sepa yo al fin
tu novia, Arlequín...
- Ninguna.
Mas dime a tu vez
la tuya
¡Pardiez ...
la Luna¡¡¡

Manuel Machado

17 jun 2008

CARNAVALINA


La ridícula trompeta

del Carnaval ha sonado,
desapacible, indiscreta,
y ¡tan triste!... Fatigado,
Pierrot marcha sin careta.

Va en busca de Colombina,
la divina, la traidora,
la que ríe cuando él llora...
soñando en la golosina
de su boca tentadora.

En la plástica poesía
de su hermosura, que exalta
un mohín de picardía,
con la gracia de una falta
femenil de ortografía.

Y a través del vago ritmo
de aquel cuerpo tentador,
él persigue ¡soñador!
el oscuro logaritmo
imposible del amor.

Mas sólo escucha el reír
de la amada loca y bella.
Y tras de la rosa aquella,
él, sintiéndose morir,
ríe también como ella.

Y —el rostro lleno de harina—
grita aún el sin fortuna:
«¡Colombina! ¡Colombina!».
Y su alma se va a la luna,
como una carnavalina.

Manuel Machado
El mal poema (1909)

6 jun 2008

MUERTE DE ARLEQUIN (CANTO DE PIERROT)

Cantarín, saltarín, bailarín,

Ríe y sorbe de mil cucharitas de azúcar, la sal malsana,

De cadáveres extendidos en un teatro oscuro,

Cantarín, porqué canta las alabanzas de muertos-animales,

Que se nutren de la sangre-bilis de las piscinas sin agua.

Saltarín, porqué salta cómo nadie, robando las lunas,

Las manzanas doradas atrapan, entre sus dedos, las vainas lloran.

Bailarín, porqué baila sin música, la música es su miembro,

Que el mar acoge sin gusto, los barcos hinchados, el cabello es aire.

¡Pierrot, Pierrot, no te vayas!

Sí que me voy, maldito Arlequín, eres un pervertido,

Y yo quiero mujeres de verdad.

Celador Godoy